Como un caníbal famélico repto hacia ti.
Y no sé qué elegir, si seguir el orden académico del menú o dejarme guiar por tus sugerencias de chef procaz.
El dulce regusto que no oculta el paté de salmón al licor de mosqueta me invita a persistir en la firmeza de tu pecho, rugoso pezón bajo mi lengua.
Pero tu dedo, picante y aromático de chutney de pimientos verdes, se interpone y se apodera de mi boca hambrienta y me obliga a seguirlo en su rastro oriental hacia el pocillo de jalea al Malbec que me aguarda en tu ombligo.
Postre adelantado, promesa de sabrosas ambrosías, sorbo en las profundidades cálidas, apuro el licor y muerdo el promontorio elástico de tu vientre, que se tensa entre mis labios.
Enredo mis dedos en la maraña de tu pubis, busco el calor húmedo de puerto y abandono tu vientre, los lamo uno a uno, despacio, saboreándolos.
Tu sexo, ostra jugosa al aroma de lima, que se apodera de mi deseo y llena mi boca.
Tú eres el más preciado manjar de este menú exclusivo, de este banquete que no ha hecho más que comenzar.



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FranCCø
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