viernes, 8 de mayo de 2009

Banquete


La luz de los candelabros apenas roza tu cuerpo, silueta apetitosa.
Como un caníbal famélico repto hacia ti.
Y no sé qué elegir, si seguir el orden académico del menú o dejarme guiar por tus sugerencias de chef procaz.
El dulce regusto que no oculta el paté de salmón al licor de mosqueta me invita a persistir en la firmeza de tu pecho, rugoso pezón bajo mi lengua.
Pero tu dedo, picante y aromático de chutney de pimientos verdes, se interpone y se apodera de mi boca hambrienta y me obliga a seguirlo en su rastro oriental hacia el pocillo de jalea al Malbec que me aguarda en tu ombligo.
Postre adelantado, promesa de sabrosas ambrosías, sorbo en las profundidades cálidas, apuro el licor y muerdo el promontorio elástico de tu vientre, que se tensa entre mis labios.
Enredo mis dedos en la maraña de tu pubis, busco el calor húmedo de puerto y abandono tu vientre, los lamo uno a uno, despacio, saboreándolos.
Tu sexo, ostra jugosa al aroma de lima, que se apodera de mi deseo y llena mi boca.
Tú eres el más preciado manjar de este menú exclusivo, de este banquete que no ha hecho más que comenzar.
Texto: Ana Joyanes

jueves, 7 de mayo de 2009

Trasplante de personalidad

Y yo escribiendo… y yo preocupado por mis textos. Tratando de hacer arte, intentando crear, despertar sensaciones, excitar... intentando sacudir conciencias y desde otro lugar, en un quirófano, cirujanos tratando de hacer otro arte. Arte mayor, arte torero. Intentando que una mujer vuelva a mirarse al espejo y vea una cara, que no vea un monstruo. Le trajeron un nuevo careto cerradito en un tupperware, fresquito… acabado de arrancar de otra infeliz que al baile que partió no le hacía falta. Y estos artistas, artistas manuales, le colocaron una nueva identidad, una careta de látex. Tan sencillo y a la vez tan chapucero. Ella antes tenía apariencia de carlino, tras la intervención de marioneta. Su inexpresividad, su ancha mandíbula marcada por los zurcidos, parece ahora que espera la mano del ventrílocuo para que su cara tome vida. Y yo preocupado porque mis textos no pasen desapercibidos y ella sin quererlo no deja a nadie indiferente, a todos nos remueve, nos vuelca la mirada y muchas más cosas interiores que nunca había sentido. Y lucha, se querella con el espejo, buscando la que fue y se encuentra la imagen de una marioneta fea que no reconoce, una careta de látex pegada que ha invadido su yo, que le han pegado a su “no cara”. Pero quien lo hizo fueron cirujanos plásticos, esos que dejan espectaculares y monísimas a las famosas. ¿Son artistas? No. Son ángeles, eso sí… chapuceros, que le han dado media oportunidad de medio vivir. Vive para ti, que mis putos textos han dejado de preocuparme. No tienen comparación con lo que despierta el pensar lo que puedes pensar tu, al tener que aceptar a esa marioneta fea que te refleja el espejo en cuanto te pones frente a el.

Texto: Francisco Concepción Alvarez

miércoles, 6 de mayo de 2009

Cha-cha-changes?


Cuaderno de bitácora:
6 de mayo. Se me va pasando la resaca de vino, grasa y jotas cantadas con la potencia de la nostalgia.
Logroño ha cambiado mucho por fuera, muy poco en lo básico. La gente sigue fiel a sus costumbres del fin de semana: el vermut del mediodía, las meriendas en las bodegas, el gusto por estar juntos celebrando.
La zona de vinos se ha desplazado unas cuantas calles, del Laurel a los alrededores de Portales y La Redonda, hay nuevas zonas de tapeo en los barrios de la periferia y ahora se hace deporte y se pasea por el estupendo parque a orillas del Ebro-siempre recordaré el cartel que dirigía “A la Playa” desde el centro de la ciudad, antes de la remodelación, y que te hacía sospechar que misteriosamente te habían abducido a la costa desde tierra adentro- pero el ambiente sigue siendo el mismo.
Aunque hay una novedad, la sensación de la noche logroñesa: El Café Moderno.
El Café Moderno es un café de los de principios del siglo pasado, con sus mesas de velador, sus lámparas de bola, su pesa que te da el peso y la suerte y un gran reloj redondo que cuelga del techo.
A las once y media de la noche aún hay familias terminando de cenar y el único camarero que sirve las mesas se apresura por ponernos las bebidas y un platito lleno a rebosar de galletas surtidas. Desde la calle no paran de entrar personas de todas clases y edades que rellenan cualquier hueco que pueda quedar en el bar.
A las doce menos diez el camarero nos hace una seña: ya no se puede pedir nada más. En unos momentos repartirá las fotocopias con la letra de “Fibra de pájaro”, a las doce se apagarán las luces. Los retrasados siguen entrando, alzan las manos para pedir su copia.
Las doce. Luces fuera, música de bote, de verbena de los 70 y todos nos lanzamos a cantar “Fibra de pájaro”, no importa si no la hemos escuchado antes, no importa que desafinemos y no sigamos al cantante. Levantamos las manos como alas, gritamos y saltamos mientras declaramos que llevamos fibra de pájaro en el alma.
Y después, más música de charanga y el Café Moderno se convierte en un guateque y más tarde en una peña de las fiestas de San Bernabé. Apaga luz, Mariluz, apaga luz, los borrachos en el cementerio juegan al mus.
El Café Moderno es lo último. El futuro de cara al pasado. O tal vez no.
¿Y a quién le importa, si puedes volver a bailar la lambada?

Texto: Ana Joyanes

Vámonos de cortos...


Entre los días 13 y 15 de este mes de Mayo tendremos la VI Muestra Internacional de Cortometrajes de la Universidad de La Laguna y para los no iniciados, no pensemos que se trata de un festival de esos cutres, en los que participan estudiantes con su cámara tratando de inventar la rueda y haciendo “bazofias” con la excusa de la creatividad y que el que no lo entienda es un desfasado cultural. 

Es la oportunidad de visionar cortos de muy diferentes directores, estilos y temáticas. Las proyecciones serán en el Salón de Actos de la Facultad de Educación de la Universidad, la entrada es gratuita, hasta completar el aforo y empezarán las proyecciones a partir de las 20:30 horas. Aunque no debería, no vaya ser que no encuentre sitio en la sala, es un festival que recomiendo. De los mejores de canarias. La selección de trabajos, por lo menos en ediciones anteriores, es acertada. Si quieres ver el programa solo debes de pinchar sobre la foto.

martes, 5 de mayo de 2009

Yo quería ser escritor


Yo quería ser escritor, de esos que sentencian, de esos que tienen lectores que compran su novela con los ojos cerrados y que acuden a la librería con impaciencia a preguntar si la última novela ha llegado ya. Pero…no sé que me pasa, hace semanas que no escribo, nadie me lee, ni siquiera nadie me critica, que es lo que me gusta y si me insultan mejor. No es que me estimule sexualmente, me sirve de brújula. Aunque luego siempre tomo el camino que me da la gana, que no me lleva al norte, pero visito lugares que disfruto.


Leo lo que escriben otros y pienso que no estoy a la altura, ¡como juntan las palabras!, ¡que bien suena!, ¡que profundidad! Y yo tan superficial, tan común, tan gris… Por ello estoy meditando renunciar. Renunciar a no escribir, que es lo que venía haciendo desde hace tiempo y aquí estoy agrupando palabras aleatoriamente y provocando, que es lo mejor que se me da. No pensarían que se iban a librar de mí, que me siento un fracasado. Fracasados son ustedes, que no han podido con mi escritura. Que no son capaces de leerme. Yo no quería ser escritor. Soy escritor. Lo único verdadero es que nadie me lee y que nadie pregunta por mi última novela.


Texto: Francisco Concepción Alvarez

lunes, 4 de mayo de 2009

La Visita

Dejamos los coches en la carretera y bajamos a pie. Era un camino serpenteante donde cada tramo y cada piedra supondrían para ellos el hilvan de sus vidas y de sus recuerdos. La casa estaba intacta en el tiempo, se apoyaba en un peñasco que daba la espalda al acantilado, y al mar, de modo que las ventanas y la puerta asomaban a una ladera escarpada y labrada de bancales que excavados en el terreno rocoso, y con sus propias manos, les había permitido cultivar en los únicos lugares que habían sido despreciados. Al igual que sus anfitriones la vivienda era sencilla y pobre, contaba con una sola habitación dividida en rincones por cortinas antiguas. Colgaba de la pared un retrato de unos novios en el día de su boda, y un ramillete de flores de plástico que adornaba el marco. Los ojos claros del novio permancían profundos en el viejo. Ella limpiaba a cada instante sus manos gruesas de campesina en el delantal; nos ofreció café, y lo sorbí mezclado con los aromas silvestre del entorno que sabían a tierra húmeda y a incienso.
Nos contó entonces el viejo que la playa se llamaba La Playa de la Muerte, porque una viuda había perdido ahogados a sus dos maridos: el primero al intentar rescatar a su hijo, a quien salvó antes de morir; el segundo también por la mala suerte. Una tragedia que todavía flotaba en las revoltosas aguas que rompían al pie del acantilado. Luego el hombre se sentó en el banco de piedra, selló su boca con la pipa y sólo tuvo ojos para el visitante de honor su nieto, a quien acompañábamos desde la otra Isla, el lugar a donde habían marchado todos aquellos que entonces, buscaban otro futuro que no fuera aquella tierra brutal.
La caída de la tarde y los balidos de los animales anunciaron nuestra ida. En la última curva del camino miré atrás, y allí estaban aún los ancianos despidiéndose.

Texto: Dácil Martín

 
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