viernes, 4 de septiembre de 2009

Blogs Culturales que se peinan y despeinan



Hay UN GATO NEGRO EN LA VENTANA, que me clava sus ojos fluorescentes. Hermoso gato, parece un GALÁN DEL BARRIO. Aunque ES MAMÍFERO Y SE PEINA como yo, yo no soy tan hermoso y él no se está quedando calvo. Eso me deprime. También yo era un galán con pelo, que me lo abrillantaba con petróleo.



Hoy es OTRO LUNES TRISTE y me toca como cada lunes principio de mes TERAPIA DE PISO. Tomo el MATAMOSCAS y salgo al descansillo de la comunidad para matar al vecino oportuno, al que la suerte a tocado, y me topo con una EXTRANJERA EN EL 7 D. Creo que me voy a dedicar al POSTPORNO. Esto está tomando derroteros que no controlo y esta situación no me gusta.





¿Más crítica sobre Blogs?



Texto: Francisco Concepción Alvarez

Septiembre

Septiembre…Aunque el calor aún aprieta, ya amarillean y aflojan las primeras hojas en las ramas de los parques. Estiramos la sonrisa del verano un poco más, con los recuerdos aún frescos y yodados de ese paseo por la playa, con la sensación húmeda e irregular de la arena todavía vigente en las plantas de los pies, y el eco flotante de las risas de niños y sus juegos, que nos invitaron a volver por un breve lapso a la infancia, con el rastrillo en la mano y el culete encharcado en la orilla .

Septiembre…Con la piel bronceada y dispuesta a dar de sí lo que le quede de contraste bajo las telas blancas, amarillas, verdes, anaranjadas… La sonrisa de septiembre es diferente, enmarcada por esa tez brillante y caduca traída como souvenir playero, y la mirada tiene su mayor fulgor devolviendo la belleza de los paisajes vistos y archivando los colores de las puestas de sol en cada sección de nuestro iris .

Septiembre…El amor también se alarga en septiembre. La pasión y la dedicación mutua del verano se resisten a desvanecer de nuevo en la rutina de cada día. Los cuerpos son más bellos en septiembre, la piel más suave, las sensaciones más intensas… Si cada mes fuese septiembre, el amor sería un continuo y placentero ocaso de veranos .

Septiembre…Es el noveno mes, el del alumbramiento, el de vuestro renacer a un nuevo ciclo, habiendo madurado las sensaciones y atesorado los recuerdos del verano, reciclándolos, como fuente natural de aprovisionamiento de energía por si nos flaquean las fuerzas más adelante.

Texto: Michel Manuel Canet
edgar_alanpoe@hotmail.com

Foto: Granada de Ynon Mabet

jueves, 3 de septiembre de 2009

Asesinato en Septiembre

Abandonan sus invernaderos todavía a las tres.
Quise escapar a las dos. Y salí y me fui perdonando a la máquina los cuernos de todo este tiempo atrás, amándola aún.
Otoño no lo será de verdad hasta que vea anochecer cada noche un poco antes desde esta ventana amplia de despacho amplio y silla de cuero negro.
Como las chupas de piel marrón gris que vestíamos y los locales oscuros.
La Barmacia.
Llegará cuando quiera ocultarse y lo espiaré con luz artificial.
En el instante en que amanezca encenderé los flexos y no podrá contra las facturas.
Los monopolios me gustan más que las leyes económicas neoclásicas y democráticas.
Me acaban de entregar en recepción una invitación para acudir a un cóctel-cena el día once.
Respondo diplomáticamente alegando que septiembre entonces será ya once.
Y no puedo permitirme un día sin amor o soledad mordaces.
Porque el asesinato del resto del año lo justifica septiembre.


miércoles, 2 de septiembre de 2009

Espiritualidad poco práctica


Estaba roto. Le dolía la espalda, la cabeza, las articulaciones… había perdido la sensibilidad, no se sostenía en pie. No comía, no cagaba y ni las mujeres lo estimulaban. El padecimiento lo devoraba a mordidas sangrantes. Y sus amigos que gozaban de la existencia con salud, ignorantes del tesoro que poseían, un regalo que la vida les habían concedido, trataban de animarle superficialmente en su ignorancia sobre el padecimiento del dolor físico. Y con palabrería ligera le decían que no se preocupara, que tenía buena cara... y que siendo positivo y poniendo de su parte, su dolor y sufrimiento desaparecería, sanaría.

Sacó fuerzas y consiguió ponerse en pie, levantarse hasta el martillo con el que tiempo atrás había disfrutado haciendo bricolaje, y se acercó a uno de esos amigos que alegremente le decían que su dolencia era solo cuestión mental; y le aporreó con rabia física el dedo gordo de la mano derecha, que de inmediato hinchó y enrojeció como un semáforo con latidos intermitentes. Su amigo atónito y desactivado le miró a los ojos buscando una explicación. Y este le dijo: -No creas que te duele, es solo cuestión de positivismo. Si enfrentas el dolor de forma positiva no te dolerá. Verás como todo lo que estás sintiendo es fruto de tu poca espiritualidad.

Física Cuántica


Entre tú y yo quarks
y la lucha continua
porque la materia oscura
no absorbe toda la luz.

Jesús Suárez González

Insoportable


Me levanto por las mañanas con dolor de cabeza y un hilillo húmedo resbalándose entre mis pechos. El alivio de la ducha sólo dura leves instantes, iniciar cualquier movimiento, incluido el acto de ponerse el albornoz, obliga a la piel a brotar gotitas que ya no pertenecen a las tuberías. Dan ganas de quedarse bajo el chorro fresco y monótono, inacabable, todo el santo día; olvidarse de vestirse para ir a comprar el necesario alimento, renegar del sueldo y abandonar el trabajo tumbada en el sofá bajo el caprichoso abanico del ventilador que nunca va lo suficientemente deprisa. Y dejar que pase este verano pegajoso y egoísta, que transcurran las semanas sin más compañía que la de un té helado y la brisa suave atrapada bajo el engaño de un trabajado juego de ventanas abiertas. La desidia pesa como una losa de mármol caliente, mis dedos agotados como si hubiesen mecanografiado cien veces la Biblia me responden lentos, equivocando las teclas, olvidando la ortografía, impidiendo que mis ideas surjan limpias y claras. Porque mi cabeza hierve y las neuronas se consumen en un vapor fatuo que vuelve a transformarse en sudor pringoso que empapa mis muslos y los adhiere a la butaca que ha olvidado sus deberes de cómoda anfitriona.

Sólo la noche, la que vas más allá de la una de la madrugada, me devuelve cierto sosiego, cierta reconciliación con el cuerpo que ha colgado por unas horas la pátina brillante y encuentra calma sobre la sábana abandonándose por completo al roce del algodón y a la caricia de la atmósfera nocturna. Entonces, un punto de calor empieza a pellizcar mi vientre, a cabalgar hasta mi pubis, agitando mi latido. No sé si primero es el aroma de un recuerdo evocado por el placer de verme liberada de la opresión estival o el resurgir de la brasa íntima, mal sofocada, me ha devuelto tu imagen. No lo sé, no lo sé, pero el fuego se expande y devora todo atisbo de sensación a hierba recién cortada.

Este verano está siendo insoportable.

lunes, 31 de agosto de 2009

Amputación Mental

Un grupo de kinkis, unos con la "pata" apoyada en la pared, otros sentados sobre el capó de un coche dialogan… perdón, quería decir emiten y narran cada cual hazañas, mentiras y ninguno escucha. Cuentan en su idioma macarra su hombrada: el que pilló la mayor velocidad en la autopista con la moto, el que más veces se trajinó a la zorra del barrio, el que le metió más hostias al segurita de tal o cual sitio, el que se levantó el cd del Audi de la plaza… El tiempo para ellos no es problema. Nadie los reclama y menos un trabajo o compromisos. Viven al margen.

Mientras se apasionan con sus gestas y se fuman unos peta, aparece sigilosamente y se une al grupo uno que aparenta ser de su calaña. Solo lo diferencia su cautela y que le falta una pierna. Viene apoyado en dos muletas. Se denota que le falta aún práctica en el caminar, debe de ser reciente la amputación. La pierna está cortada casi a ras de la ingle.

El kinki sin pierna se apoya en un hueco que queda en el coche.

- ¡¿Qué pasa gente?! –A modo de saludo el kinki sin pierna.

El grupo lo mira y casi al unísono se escucha -¿Qué pasa tío?.

- Nada… por aquí. –Contesta el kinki amputado.

- ¡¿Que te pasó tío?! Se aventura a preguntar uno, el resto lo mira con indiferencia.

- Nada… un rollo con la moto

- ¡Joder que chungo! Ya nos extrañaba… hacía dos meses que no sabíamos de ti. –Apunta uno del grupo.

El grupo retoma su rutina, encienden nuevos petas y vuelven a exagerar sus limitadas hazañas. Todos cuentan, nadie escucha. La vida del barrio no se detiene.





Texto: Francisco Concepción Alvarez

domingo, 30 de agosto de 2009

Ella

Es como mirar y dejar que el aire se quede inmóvil a su alrededor. Hace que la atmósfera adquiera tintes de locura, impensables fuera de ella. Pero de una locura lúcida. Te invita a la ausencia. Y te dejas ir. Miras y te deleitas. Observas. La sinuosidad de las formas con que dibuja el cuerpo, tumbado, como a descompás. Sugerente, invitador, atrayente. Desde el imperio de unas piernas infinitas, moldeadas como a cincel, etéreas, marmóreas en su color y tersura, en una ángulo de cuarenta y cinco grados; la izquierda ligeramente sobre la otra, y ambas dirigidas hacia la derecha. Las caderas, terminándolas, y en su centro el Monte de Venus. Espesura que invita. Color de la tierra. Tenues sugerencias de lo que parece. Promesas. Lentitudes. Altares. Todo lo inmanente en él. La cara y la cruz. El principio y el fin. El alfa y la omega. La vida. El origen de la vida. De toda vida. De mi vida. La fascinación que asciende a base de una cintura que se cierra en torno a la unión, al centro, al eje alrededor del cual gira el cuerpo que eleva, mi centro gravitacional, el hecho sobre el cual hace que todo nazca y todo muera. Centro de centros. Y en su plano los senos. Hermosos. Suaves y esbeltos. Blancos y con un ligero color de ocre en su centro. Brillantes. Excelsos. Abiertos. Y la mirada sigue deslizándose, hacia el rostro, en un tobogán infinito que no acaba nunca. Que se detiene en el continuo repique antes del cuello. Eterno. Y ahí el mármol se hace pétreo. Locura de siglos. Círculo de espirales sin fin. Sin principio ni final, sin origen ni destino, sin ida ni retorno. El lugar donde quedarse. El lugar de todo comienzo. La locura perfecta. Pedestal de un óvalo clásico. Italiano. De puntales marrones que te observan con hondura, que te mutilan. Que hieren de tanto que entran. Que queman. Que destrozan. Ojos antiguos. Ojos serenos. Ojos. Y sobre el blanco de las sábanas, a modo de corona, negro el pelo. Desparramado. Azabache sobre satén. Negro sobre tonos de blanco. Todo lo que la mirada bebe no es sino el espejo de mi vida. La luz. Mi alma reflejada. El alma. Todas las almas. El lugar donde quiero vivir. El lugar donde quiero morir. El sitio. Mi hogar. Ella.

 
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