sábado, 26 de septiembre de 2009

Hoy traga

Si quieres círculos tienes círculos. Todos juntos, unidos, da igual que no soportes el olor. Eso da lo mismo. La moda es la moda. Ríe hijo de puta. Únete, ríe e intenta ser feliz. No pienses. No dudes. Baila. Mueve el culo blanco y los hombros grises. Bebe cerveza. Bebe lo que sea y no vomites. Hoy no toca. Hoy traga. Sólo eso. No ser y sí parecer. Hoy traga.

viernes, 25 de septiembre de 2009

Vendetta

La rabia rompe la tierra
para esconder tus raíces,
de avergonzados secretos,
de tantas frustraciones,
que alimenta el agua contaminada
de odios y temores.
Y retorciéndose en el fango,
entre finos hilos de venganza,
brotan los retoños verdes,
orgullosos, elegantes, espigados,
apuntan al cielo inclemente
recordando con sus frutos jugosos
los sinsabores de una vida engañada,
cuando pagas los pecados de los otros,
cuando te dejan en las umbrías soledades
y tu alma se vuelve oscura,
húmeda, de tantas lágrimas,
rota, de desesperanza.
Ya no tienes ojos,
solo ramas y espinas,
ya no distingues a los amigos
porque todos son otros,
otros sin almas.
No te importan las caricias
Ni que coman tus frutos
Frutos venenosos
Asesina sin alma.

jueves, 24 de septiembre de 2009

Libros, libros, viejos... En definitiva ilustraciones



Hoy les propongo estas ilustraciones de Andre Martins de Barros, cuya temática son libros, una de las debilidades de La Esfera, o mejor dicho, son rostros de viejos... bueno no sé.

Un ilustrador por lo menos curioso, imaginativo y diría que con un concepto de orden espacial importante. Encaja en sus creaciones los elementos como si fueran piezas de lego, para crear rostros y mundos.


miércoles, 23 de septiembre de 2009

El placer de la muerte


-¿Que hay de comer?
-Huevo frito
-¡¿SOLO ESO?! ¿Que diablos has estado haciendo durante todo el día?
-Pensar...
-¿Pensar? y ¡¡¿Eso, que coño es?!!
-Necesito aclarar mi vida, saber si quiero continuar con esta farsa, decidirme a decirte: ¡¡¡No te quiero¡¡¡
(El puñetazo sonó como un vaso resquebrajándose al contacto con el aire caliente)
Sangrando por todos los agujeros de la cara, y con el cuchillo en la mano pensó que ese sería el momento idóneo. Pero, le temblaba tanto el pulso, que continuó la fantasía solo en su mente, su mano quedó engarrotada sin capacidad de movimiento.
-Quiero comer ¡YA!
Arrastrando los pies y con la cabeza enterrada en los hombros, decidió que probar el cuchillo en su pecho sería ir al paraíso sin billete de retorno.
El dolor entre las costillas fue la sensación más placentera que había tenido en los últimos 15 años, y la sonrisa que invadía su desfigurada cara dejaba claro cual era el inconfundible destino de esa puñalada...


Autor: Inma Vinuesa

En el aire...

Si alguna vez me perdiera
por la ignota senda de sus ojos verdes,
no me busquéis bajo las piedras,
buscadme en el aire.

Buscadme donde la luz desvele
y no se adormezca la vida,
donde la palabra por siempre resuene
y la memoria perviva.

Buscadme donde el miedo de espanto muera
sin conocer mejor horizonte,
donde la espina clavarse pueda
y no quiera sembrarla el Hombre.

Si alguna vez me perdiera
por la ignota senda de sus ojos verdes,
no me busquéis bajo las piedras,
sino donde más os duela…
¡Buscadme en el aire!

Amargura

Como con una pinza sujetaba el cigarrillo entre sus dedos, a la vez que lo contemplaba atentamente, igual que si fuera un diamante. El humo giraba retorciéndose en el aire hasta desvanecerse. También sus pensamientos confusos, que abrazaban su mente, extinguidos por los tragos de güisqui con hielo. Su mirada quemaba al camarero, que se negaba a servirle mas copas y le pedía que se fuese, como si fuera el culpable del infierno en el que se encontraba. Inspeccionado, por los allí presentes, los desafiaba entre insultos y gritos, apenas inteligibles. Nadie se atrevía a enfrentarse al médico del pueblo, sabían que no era mala persona, y mucho estaban allí gracias a él. En el fondo todos sabían que solo necesitaba desahogarse y olvidar, había sido un día muy duro para él. El bar se había convertido en un duelo y todos los que lo apreciaban estaban allí, compartiendo su inmenso dolor. Sin embargo, muchos empezaron a abandonarlo, heridos por la humillación y descalificaciones. Las miradas se cruzaron “¡y tu que miras mentecato! El joven corpulento se levantó sin dejar de mirar al matasanos cincuentón. Tras otro trago de güisqui vomitó fuego en forma de más ofensas contra el joven y su madre. El médico no lo vio venir y cuando quiso darse cuenta estaba rodeado de fuertes brazos: “¡Ya está bien papá, vamos a casa! Ya verás que la próxima temporada volveremos a ascender otra vez”

¿Quién me ha robado el mes de abril?


“Pasar una noche abrazado a ti, sólo durmiendo, es todo lo que quiero”. Esta maravillosa mentira me la dijiste en el “Eliván”, pero hubiera sido más justo si la hubieras pronunciado en el bar de al lado. El “Chusco” era un barucho que merecía su nombre, un garito tan pequeño como nuestras pagas, pegajoso como los retretes de la parte de atrás, local del que si, alguna vez, las baldosas hubieran estado limpias, se hubieran parecido a las de una pescadería. El camarero era como el hermano mayor de Sabina: hombre menudo envejecido, con la cara acribillada por las noches sin dormir y el humo denso de los porros, escaso cabello de tanto pensar ¿qué coño hago yo aquí sirviendo a estos adolescentes imberbes? y la voz desgastada de callar lo que realmente le apetecía escupir. Los imberbes le respetábamos porque, a pesar de su edad, se enrollaba estupendamente con nosotros y tenía la mejor colección de vinilos de toda la zona del Tubo. Desde los Rolling, The Queen, Dire Straits, AC/DC, Pink Floid, Springsteen, Clapton, pasando por el producto nacional bruto: Sabina, sobre todo, Krahe, Ramoncín, Miguel Ríos, Leño… Evidentemente, por allí no se perdía ni un solo pijo que se preciara, pero macarras, rockeros, borrachos, putillas, heavies, paletos de pueblo y nosotros siempre empezábamos la marcha en el “Chusco”. El ritual consistía en gastarnos más de la mitad del presupuesto en ponernos en su garito; para cuando salíamos, ya daba igual donde ir, poco quedaba en el bolsillo. Una cerveza para compartir era señal inequívoca de que íbamos cortos de pasta y, el camarero, a veces, nos ponía otra caña al lado a cambio de una sonrisa de la rubia con minifalda. Era de ley dejarnos en el “Chusco” nuestras exiguas pesetas.
Veintitantos años después han cambiado pocas cosas. Tú y yo seguimos juntos, aunque ya no me digas verdades maravillosas, el camarero del “Chusco” sigue siendo camarero ahora en “El Edén”, sigue hablando con nosotros de la buena música de antaño para intentar no oír la mierda del reguetón y se sigue preguntando ¿qué coño hago yo sirviendo a estos cuarentones borrachos?, pero en su pelo abundan las canas, un imberbe DJ no le deja pinchar a Dire Straits ni, mucho menos, a Sabina, ni hace falta ya que nos invite a la segunda cerveza, la rubia le regala una sonrisa igual.

martes, 22 de septiembre de 2009

No es lo que tu piensas (Chema Madoz)


Me ha tomado un buen rato elegir una de las fotografías de Chema Madoz (Madrid,1958) para ilustrar este post fotográfico, y al final no he quedado satisfecho.
El trabajo de este fotógrafo, yo mejor diría "poeta visual"  (porque Chema Madoz manipula, inventa y fotografía objetos), consiste en realizar una metamorfosis de cualquier objeto cotidiano hasta hacernos dudar de todo aquello que creíamos reconocer.
Tras contemplar su trabajo, tenemos la impresión de que cualquiera de nosotros también lo podíamos haber realizado. Pero hay que hacerlo. Hablar es sencillo.
No me lío. Para entender lo que te propongo en este post, mejor disfruta con su trabajo pinchando en los siguientes enlaces:
  1. Galería fotográfica.  

  2. Comentarios sobre su obra.

  3. Su web.

  4. Visualizar su libro: Obras maestras.

  5. Más sobre fotografía en La Esfera.


Al otro lado del espejo

Revista cojonuda de cuentos. En este número estoy con un texto de La Ensalada

JRamallo

lunes, 21 de septiembre de 2009

No es pecado

Vas a morir fiel a tus principios sin probar el sabor del hierro.
Nunca vas a dejar que el enemigo despliegue sus armas contra ti, y se convierta en complice de tus deseos, ¡que misera!, si eres la primera que te derrites imaginándolo dentro de tí.
Coraza de hojalata, transparente. Piensas que nada ni nadie te conoce y eres completamente predecible, tu afán de hacerte la más querida, te hace ser la más odiada por tí misma.
Deja que te penetre el hierro incandescente de su cuerpo, y cometerás el pecado más dulce de tu historia bélica.


El hombre equivocado

Mientras septiembre se alejaba, oficialmente se instalaba el otoño. Llevaba sin embargo ventaja al otoño o éste estaba siendo generoso. No sabría determinar quién estaba encima y quién debajo. Pero resultaba igual de placentero. Había luchado sin saber manejar la espada. Había perdido. Pero el duelo resultó fraudulento y el cuerpo se reincorporó prometiéndose inmiscuirse en nuevas peleas sólo en calidad de observador. Testigo neutral que calcularía distancias y daría la señal de crimen. Él no criminalizaría porque no se sentía inocente. Había en esta decisión una duda y una afirmación. Aceptaría los desaires mientras le ofrecieran compartirlos en lechos calientes ajenos y propios. Mientras las faldas no se resistieran a convertirse en tejidos transparentes que mostraran la calidad de un tacto nuevo o el deleite de los amores conocidos, extrañados en los momentos de lucidez emotiva. Decidió amar a todas y dejarse cortejar. Mostrarse desdeñoso, violento, sin dejar por ello de enredarse en una ternura incorregible. No haría preguntas ni juzgaría confesiones. Sólo la expresión diferenciaba una confesión de otra. Le costaba suplantar identidades. Quizás el otoño estaba cediendo demasiada ventaja y él estaba ya de vuelta de todo. O, finalmente, tras el último duelo había descubierto que no había opciones. Lo consideraba al mismo tiempo derrota y triunfo. Las amaría ciertamente en las pausas que su encierro voluntario permitiera. Bloquear la verja de la entrada a la casa y dedicarse a torturar sapos y acoger a gatos sarnosos. Amontonar brasas en un cazón de cobre y hacer de noche fuegos artifiaciales antes de templar la cama estrecha en la habitación más pequeña de aquella casa que ocupa él tras la herencia. Llega repentinamente un perfume de seda arrancada.

 
Design by Wordpress Theme | Bloggerized by Free Blogger Templates | coupon codes