viernes, 21 de agosto de 2009

El tren de la Bruja


Videos tu.tv
Un corto de Koldo Serra, cortometraje del año 2003, El tren de la Bruja. La historia cuenta como un hombre se ofrece como conejillo de indias para un experimento que trata de analizar la conducta humana en condiciones de terror extremo. Si resiste el experimento, recibirá a cambio una cuantiosa suma de dinero. Pero, ¿es posible aterrar a alguien que sabe de antemano que todo es una farsa?

Un corto, capaz con pocos medios (una habitación, una silla y una buena interpretación...) de hacernos pasar unos minutos de incertidumbre y miedo. Quizas falla en algunas secuencias el sonido, por previsible y falta de nitidez, por ponerle algún un "pero" al corto. Pero es un trabajo de ejecución perfecta. Que lo disfrustes.


¿Más sobre cortometrajes?

jueves, 20 de agosto de 2009

Pues eso mismo, canario

Estoy aquí porque he escrito un comentario ocurrente. A continuación, el enlace.

Para aquí ya tenéis que haberlo leído.

Pues bien: esto es el ser de los blogs. No tiene que ver sino de refilón con las palabras que aquí se escriben y tal. Porque es una consecuencia.

De Diderot desquiciado, tirándose de los pelos, gritando: “¿¡Qué he hecho!?”

Aquí hay un dislate temporal, porque durante su magna empresa no veo yo al tal Diderot tirándose de los pelos ni desquiciándose ni gritando -al menos no eso.

No pasa nada.

Tal vez, un aristócrata venido a menos.

Moraleja, mis queridos proletarios del conocimiento: Carlos I, Brandy de Jerez.

Por otra parte:

Conque una esfera es lo que te traes entre manos. Muévela, así, hasta que por fin te engañes del todo, cómo puede ser, una esfera en este plano, y encuentres que no tiene aristas. Puedes, pero ni se te ocurra decir Rosebud. Otras palabras prohibidas: crisol; libertad; arte; cultura.
Si algún día voy cruzado prohibiré incluso ser humano.

Son las fiestas del pueblo y ya explotan los primeros petardos. Oh, sí… música pastillera…

Después de esta copa, ducha y a la fiesta.
He dicho.
Y basta.

¿Me lees?


- Cariño.. ¿Me lees?
- ¡Claro que te quiero!
- Si, pero ya nunca me lo dices.
- Que si te quiero. Sabes de sobra que te quiero.
- Pero dímelo. ¡Dime que me lees!
- ¡Te quiero!
- No me lo creo… No sabes ni de que va mi último post. Ni tu me lees.

Texto: Francisco Concepción Alvarez

Blog El bibliómano (crítica)







Existe ocasiones en las paseando por la calle, encuentras una joya o un objeto abandonado que te sorprende por su valor o por su belleza, y no cabes dentro de ti por la suerte que has tenido y no entiendes como es posible que nadie haya reparado en ella.



Es lo que me ha pasado con el blog que hoy quiero compartir con ustedes “El Bibliómano”. Pura suerte. Estoy muy contento con mi hallazgo. Una joya simple que esconde un valor difícil de evaluar. De diseño pobre, blanco y austero, pero atesora y derrama un desbordante amor hacia los libros. Sorprende que tras tanta dedicación, pues el primer post que se publica es allá por noviembre de 2005, no exista o por lo menos yo no lo encuentro, el nombre de su autor ó una forma de contacto. También sorprende sus actualizaciones, pues el blog cuenta con más de 500 entradas. Es evidente que no busca protagonismo, pues tampoco existe la posibilidad de comentar o discutir ninguna de sus publicaciones.



Llama la atención la variedad y calidad de sus “post monográficos”, siempre entorno al mundo del libro y concretamente a ediciones descatalogadas, textos poco conocidos y singularidades sobre libros y manuscritos.



También es de agradecer el formato corto (mejor dicho cortísimo) de todos sus post, en lenguaje digerible y entendible, aunque en alguno de ellos trate de publicaciones para verdaderos sibaritas ó entendidos en este mundo adictivo que son los libros.



Si quieres saber más sobre Primeras Ediciones, cual es libro más caro, a que huelen los libros, cuales son las colecciones más deseadas, que se suele hacer con los libros que nos sobran… y sin que sufras un desmayo leyendo post del tamaño de la Biblia, estás tardando en visitar El Bibliómano.



Resumiendo (puntuación de 0 a 5)

Contenido: 4 - Estética: 2 - Actualización: 4

Planteamiento: 3 - Perfil de visitantes: 3 - Especialización: 5

miércoles, 19 de agosto de 2009

Los cuervos

La garganta del barranco no era una zona de cuervos. Más bien estos solían frecuentar lomadas más altas, alejadas de aquel lugar, y donde crecían los jarales. Por lo que la muchacha cuando avistó a la bandada de pájaros negros sobrevolando el desfiladero, no pudo evitar percibir en ello un mal presagio...
Dos hombres bajaban por el sendero del barranco. Iban con prisa, y no por acortar el tiempo de vuelta amenazado por el atardecer, sino por huír veloz de aquel lugar y de su gente. Dejaban atrás la aldea a la que habían llegado hacía unos días con la intención de inspeccionar y valorar sus bienes. Era un poblado aislado rico en pastos y frutales, de alegre prosperidad, y cuyas gracias había dejado enardecidos a los dos hombres. Ellos, sin embargo, con el fin de prodigarse con aquel que los había contratado, habían optado por responder al buen acogimiento que les ofrecía la gente de la aldea con una actitud exigente y autoritaria. Sólamente se vieron alterados las pretenciones ante la presencia de aquella muchacha. Ella estaba sentada en un rincón de la habitación, y mientras el hombre más alto y rubio hacía afan por inventariar su casa, ella lo embestía con una mirada desafiante e impetuosa propia de su juventud. Tenía los ojos negros y vestía prendas prietas y varoniles. El hombre no podía dejar de mirarla y de seguirla tras sus movimientos.
En el valle solía reinar un silencio hueco roto a veces por los graznidos de las aguilillas, o por los balidos del ganado. La muchacha silbaba con sus dedos regordetes, luego saltaba ligera como un podenco haciendo sonar sus pulseras y abalorios. Fue el sudor de su cuello, el olor que desprendió al levantar el pelo lo que terminó por enloquecer aquel hombre. Entre los dos la atraparon, y a golpes la aplastaron contra la tierra dejándola al final quieta y muda. Y la vieja se acercaba con gritos y sollozos, y levantaba violentamente su palo amenazándolos. La gente comenzó a salir de sus casas, y ellos echaron a correr mirando atrás, e intuyendo que jamás saldrían de allí.
La tarde avanzó y con ella la niebla que se desbordó como una catarata. Los dos hombres se encontraron de pronto inmersos en la bruma, colgados en el abismo de aquel barranco, y ciegos. Los aleteos de unas aves comenzaron a sonar sobre sus cabezas, luego sus garras quisieron posarse sobre ellas, y a picotazos los hicieron caer: primero uno, después el otro. Y Dios que si gritaron, los alaridos se escucharon hasta el amanecer.

Texto: Dácil Martín

domingo, 16 de agosto de 2009

Me convertí en un guarro


Hoy salí desnudo a la calle. En pelotas. Estaba harto. No me importó mostrar mis pequeñas vergüenzas. Caminé entre ellos y nadie quedó indiferente. Ahora no pertenecía a nada, no llevaba marcas, me convertí en un cuerpo desnudo. Encontré libertad, dejé de ser un falso disfrazado, para convertirme en un verdadero desnudo. Olvidé de donde venía o que había representado. Caminaba desnudo mientras algunos me gritaban: ¡Guarro! Tampoco me ahuyentó agacharme y que me vieran el agujero del culo. Todos tenemos uno pensé. Los que me conocen se han hecho los locos para no saludarme.

 
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